Con la llegada del otoño, el Río de la Plata y sus alrededores vuelven a convertirse en los protagonistas de uno de los fenómenos meteorológicos más característicos del centro-este de Argentina: la sudestada. Si bien no es un evento extraordinario, generalmente tiene un fuerte impacto en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y el sur del Litoral, especialmente por el riesgo de fuertes crecidas e inundaciones en zonas costeras.
Pero, ¿de que se trata exactamente la sudestada? ¿Por qué tenemos mayor riesgo durante el otoño, y qué condiciones hacen que algunas se transformen en eventos críticos? Veamos estas cuestiones en esta nota de Pronostico Extendido.
Una sudestada no es simplemente "viento del sudeste", como muchas veces creemos; Técnicamente, es un evento persistente de vientos del sudeste o este-sudeste sobre el Río de la Plata, asociado a una configuración sinóptica particular que ocurre en esta región del país:
Las olas del río golpeando la costa es la típica imagen de una sudestada persistente en la región.
Desde el punto de vista físico, el mecanismo principal es el forzamiento por viento: éste transmite momento a la superficie del agua, generando acumulación contra la costa occidental y sur del estuario. Si a esto se suma una marea alta, el efecto se intensifica aun mas. El otoño, además, siendo una estación de transición con mayor frecuencia de sistemas frontales fríos, contrastes térmicos y formación de ciclones tropicalaes en la región, favorece la formación de esta diferencia de presiones que es el ingrediente clave de las sudestadas.
El Río de la Plata, además, tiene una forma muy particular: es ancho en su desembocadura y se va estrechando hacia el interior. Este diseño natural actúa como un embudo hidráulico, lo que hace que, cuando el viento sopla sostenidamente desde el sudeste, el agua oceánica sea empujada hacia el interior. Como consecuencia, la sección transversal se reduce, y el nivel del agua aumenta en la costa argentina. En eventos intensos, el nivel puede elevarse más de 2 metros por encima de lo normal, afectando zonas como la ribera norte y sur del Conurbano, CABA, La Plata, y el Delta del Paraná.
Cuando se suma un evento de lluvias y tormentas a la sudestada, aparece además el riesgo de inundaciones repentinas. Esto es porque, desde el punto de vista hidrológico, se produce una combinación de drenaje dificultado hacia el río, elevación del nivel base, y la saturación del suelo debido a las precipitaciones. En estos casos, generalmente, el Servicio Meteorológico incluirá además un alerta por lluvias persistentes para el área afectada.
Afortunadamente, las sudestadas son fenómenos bastante bien modelados por los sistemas globales de predicción meteorológica. Si bien en cualquier pronóstico de formación de un sistema de bajas presiones es difícil anticipar el lugar exacto de formación e intensificación, los fenómenos esperados y el área donde pueden ocurrir suele ser prevista con bastante precisión, especialmente en pronósticos a pocos días.
Diagrama de influencia de condiciones meteorológicas propicias para una sudestada.
En los mapas de superficie, además, los ingredientes para la sudestada se observan con claridad: Una baja presión en el Atlántico, un anticiclón continental, el patrón de isobaras que canaliza el viento y la posibilidad o no de lluvias y tormentas asociadas al sistema. Generalmente, un evento potencialmente severo de este tipo puede anticiparse con varios días de margen.
En cuanto a la relación con las sudestadas y el cambio climático, por ahora no hay suficiente evidencia científica de que exista un aumento claro y sostenido en la frecuencia de estos eventos relacionadas al incremento de las temperaturas, pero sí existe una tendencia al aumento del nivel medio del mar en el Atlántico, debido principalmente al derretimiento de los hielos. Un nivel base más alto implica que, ante el mismo evento, el impacto en las zonas costeras puede ser mayor que décadas atrás.
Historic southeasterly storm in Buenos Aires, year 1940 (General Archive).