La información es almacenada en el ADN y ARN a través de cinco bases, denominadas "nucleobases" o bases nitrogenadas (adenina, guanina, citosina, timina y uracilo), las cuales se combinan con azúcares y fosfatos para formar el código genético utilizado por toda la vida en nuestro planeta. Por otro lado, los aminoácidos también son fundamentales para formar las proteínas, impulsando casi todas las funciones de cualquier organismo vivo.
A través de estudios realizados en 2022 en meteoritos, a los cuales se suman nuevas investigaciones de este año realizadas en el asteroide Bennu, se han detectado en estos cuerpos fragmentos de las cinco nucleobases, además de amoníaco y formaldehído. ¿Qué significa todo esto? Que los ingredientes fundamentales de la vida están presentes en el espacio, sugiriendo que las condiciones para el desarrollo de la vida están presentes en todo el sistema solar.
![Se encontraron 14 de los 20 aminoácidos que la vida en la Tierra necesita para producir proteínas, además de las cinco nucleobases del ADN y ARN.]()
Se encontraron 14 de los 20 aminoácidos que la vida en la Tierra necesita para producir proteínas, además de las cinco nucleobases del ADN y ARN.
“Hemos completado el conjunto de todas las bases que se encuentran en el ADN, el ARN y la vida en la Tierra, y están presentes en los meteoritos”, dice el astroquímico Daniel Glavin del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland. Los investigadores utilizaron una novedosa técnica con agua fría para mantener los compuestos intactos, mientras logran extraerlos. "Estamos descubriendo que este método de extracción es muy adecuado para estas nucleobases frágiles, es más parecido a una infusión fría que a un té caliente", agregó Glavin.
A estos hallazgos se suman los estudios de las rocas y el polvo del asteroide Bennu que fueron traídos a la Tierra por la nave espacial de la misión Orígenes OSIRIS-REx, de la NASA, los cuales también revelaron la presencia de moléculas que, en nuestro planeta, son clave para la vida, además de la huella de existencia de agua salada en estas muestras, que podría haber servido como “caldo” para que estos compuestos interactuaran y se combinaran.
![Las muestras analizadas de Bennu también contienen fosfato de magnesio y sodio.]()
Las muestras analizadas de Bennu también contienen fosfato de magnesio y sodio.
Entre las detecciones más importantes se encontraron 14 de los 20 aminoácidos que la vida en la Tierra necesita para producir proteínas, además de las cinco nucleobases del ADN y ARN. A esto se suma la abundancia de amoníaco en las muestras, permitiendo formar aminoácidos que, al unirse en cadenas largas, forman las proteínas utilizadas por todos los seres vivos para funcionar. Al identificar estos compuestos en una muestra obtenida en el espacio, permite contrarrestar cualquier posibilidad de contaminación terrestre en las muestras.
Las muestras analizadas de Bennu también contienen fosfato de magnesio y sodio, lo que fue una sorpresa para el equipo de investigación, ya que esto indicaría un origen muy peculiar del asteroide: Esto sugiere que el cuerpo celeste podría haberse formado al desprenderse de un mundo oceánico primitivo, diminuto y desaparecido hace mucho tiempo.
![Estudios realizados en 2022 y este año encontraron las cinco nucleobases del ADN y ARN en meteoritos y el asteroide Bennu.]()
Estudios realizados en 2022 y este año encontraron las cinco nucleobases del ADN y ARN en meteoritos y el asteroide Bennu.
“Las pistas que estamos buscando son muy minúsculas y se destruyen o alteran con mucha facilidad al exponerse al ambiente de la Tierra”, agregó Danny Glavin. “Es por eso que algunos de estos nuevos descubrimientos no serían posibles sin una misión de retorno que trajera las muestras, sin medidas meticulosas de control de la contaminación y sin una cuidadosa curaduría y almacenamiento de este precioso material proveniente de Bennu”.
Además, se identificaron en la muestra de Bennu rastros de varios minerales que se forman a medida que el agua que contiene las sales disueltas en ella se va evaporando a lo largo de extensos períodos de tiempo, dejando atrás las sales en forma de cristales sólidos, como calcita, halita y silvita. Esto evidencia que este entorno fue propicio para poner en marcha la química de la vida.