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Espejismos en la puesta del sol: ¿cómo ocurren?

30/04/2026
Juan Pablo VentosoPorPublicado porJuan Pablo Ventoso
Espejismos en la puesta del sol: ¿cómo ocurren? En los atardeceres, el sol puede parecer "achatado" contra el horizonte debido a los espejismos atmosféricos.


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La mayoría de nosotros alguna vez tuvo la experiencia de ver una puesta de sol “aplastada”, con el disco solar deformado o incluso con formas extrañas cerca del horizonte. Lo mismo puede ocurrir con la Luna llena al salir o ponerse. Lejos de ser un efecto de la cámara o una ilusión óptica simple, se trata de un fenómeno físico real: un tipo de espejismo generado en la atmósfera. Este fenómeno, conocido como “mirage” o espejismo atmosférico, es el responsable de muchas de las formas extrañas que pueden adoptar el Sol y la Luna cuando están bajos en el cielo.


Un espejismo es un fenómeno óptico que ocurre cuando la luz se desvía al atravesar capas de aire con distinta temperatura y densidad: En lugar de viajar en línea recta, los rayos de luz se curvan, lo que genera imágenes desplazadas, deformadas o incluso copias múltiples de un mismo objeto. Este mismo efecto es el que produce, por ejemplo, la clásica “agua en el asfalto” en días de mucho calor. Pero en el caso del Sol o la Luna, el fenómeno ocurre a mayor escala en la atmósfera.


¿Por qué ocurre este espejismo?

Cuando el Sol se acerca al horizonte, su luz atraviesa una mayor cantidad de atmósfera. En ese trayecto, las capas de aire con diferentes temperaturas desvían la luz de forma despareja, generando una distorsión de la imagen. Por eso, el disco solar suele verse “achatado” en su parte inferior: la luz proveniente de esa zona se refracta más que la de la parte superior. En algunos casos, esta diferencia es tan marcada que el Sol puede aparecer dividido, alargado o con bordes ondulados. Incluso hay casos extremos en los que, debido a la refracción, el Sol puede seguir siendo visible aunque ya esté por debajo del horizonte real.

En los atardeceres, el sol puede parecer

En los atardeceres, el sol puede parecer "achatado" contra el horizonte debido a los espejismos atmosféricos.


La Luna también puede verse afectada por este tipo de espejismos, especialmente cuando está saliendo o poniéndose. En esos momentos, su forma puede parecer ovalada, irregular o “aplastada”, muy similar a lo que ocurre con el Sol.


En algunos casos más extremos, la refracción puede generar imágenes múltiples o desplazadas del mismo objeto astronómico, un fenómeno conocido como “mirage astronómico”. Es importante no confundir este efecto con la llamada “Luna grande” cerca del horizonte. En ese caso, se trata principalmente de una ilusión perceptiva del cerebro, no de un fenómeno físico de la atmósfera. En cambio, en los espejismos atmosféricos, la deformación sí es real y puede registrarse en fotografías, ya que la luz efectivamente se está desviando antes de llegar a nuestros ojos.


¿Cuándo ver estos efectos?

Desde un punto de vista más técnico, estos fenómenos suelen aparecer cuando existe un fuerte gradiente vertical de temperatura en las capas bajas de la atmósfera, es decir, cuando el aire cambia rápidamente de temperatura con la altura. En particular, las inversiones térmicas (aire más cálido sobre aire más frío cerca de la superficie) generan condiciones ideales para que los rayos de luz se curven de forma más marcada. A esto se suma la estabilidad atmosférica y la presencia de capas bien definidas de aire, lo que favorece una refracción desigual y, por lo tanto, la ocurrencia de este fenómeno.

Las inversiones térmicas generan condiciones ideales para que los rayos de luz se curven de forma más marcada.

Las inversiones térmicas generan condiciones ideales para que los rayos de luz se curven de forma más marcada.


Estas configuraciones son más probables en situaciones de alta presión, con poco viento y cielos despejados, especialmente en zonas costeras o llanas donde las diferencias térmicas pueden ser más marcadas. Además, las condiciones indicadas son relativamente frecuentes en amaneceres y atardeceres, especialmente después de días cálidos o con cambios de masa de aire. En resumen, las puestas de sol “deformadas” o las lunas achatadas no son una ilusión ni un defecto visual, sino el resultado de cómo la atmósfera curva la luz en su recorrido. Un recordatorio más de que, incluso en fenómenos cotidianos, la física de la atmósfera puede generar postales sorprendentes.

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