Un equipo internacional de astrónomos presentó una de las detecciones más sorprendentes de los últimos años: un objeto similar a una luna, ubicado fuera del Sistema Solar, que orbita alrededor de una enana marrón en el sistema denominado CD-35 2722. El hallazgo fue publicado en la revista científica Nature, y abre un nuevo debate sobre cómo definir a estos cuerpos cuando no encajan del todo en las categorías tradicionales de planeta, luna o estrella conocidas en nuestro sistema solar.
La investigación fue liderada por Kevin Hoy, estudiante de doctorado vinculado a la Universidad Diego Portales de Chile, junto al Observatorio Europeo Austral y al grupo YEMS, dedicado al estudio de exoplanetas jóvenes y sus posibles lunas. Entre los autores también participa Alice Zurlo, astrofísica de la Universidad Diego Portales y directora de YEMS, junto con otros investigadores de instituciones internacionales.
Un sistema difícil de clasificar
El sistema observado se llama CD-35 2722 y se encuentra a unos 71 años luz de la Tierra. En este sistema, una estrella más pequeña que el Sol es orbitada por una enana marrón, un tipo de objeto que se ubica en una zona "gris": es más masivo que un planeta gigante, pero no llega a tener la masa suficiente para brillar como una estrella mediante un proceso de fusión nuclear estable.
Lo más llamativo es que alrededor de esa enana marrón, llamada CD-35 2722 B, estos científicos detectaron la señal de otro cuerpo de gran tamaño. Ese objeto tendría una masa comparable a la de Júpiter y completaría una órbita en aproximadamente 170 días. Por su comportamiento, funciona como una luna: gira alrededor de un cuerpo que, a su vez, gira alrededor de una estrella. Sin embargo, no se parece a ninguna luna del Sistema Solar ya que nuestras lunas son cuerpos rocosos o helados mucho más pequeños que sus planetas. En este caso, el objeto detectado es tan grande que podría parecer un planeta.
![Comparación del tamaño estimado de CD-35 2722 B y Júpiter (NASA/ESA).]()
Comparación del tamaño estimado de CD-35 2722 B y Júpiter (NASA/ESA).
Por qué se habla de una “exoluna”
Una exoluna o exosatélite sería una luna ubicada fuera del Sistema Solar, del mismo modo que un exoplaneta es un planeta que orbita otra estrella. Durante décadas, los astrónomos buscaron señales de este tipo de cuerpos, pero confirmarlos resulta muy difícil porque suelen ser pequeños y producen señales muy débiles. Los autores del descubrimiento prefieren usar con cautela el término exosatélite, ya que el objeto no orbita un planeta típico, sino una enana marrón. Aun así, si se lo considera una luna en sentido amplio, podría tratarse de la primera detección sólida de un objeto de este tipo fuera de nuestro Sistema Solar.
La discusión no es solamente una cuestión de nombres. Este descubrimiento muestra que otros sistemas pueden tener arquitecturas muy distintas a la nuestra, con objetos que desafían las clasificaciones tradicionales que creamos a partir de lo que conocemos del Sol y nuestros planetas y satélites.
Cómo fue detectado
Las observaciones se realizaron con el Very Large Telescope, el gran observatorio del ESO ubicado en el desierto de Atacama, en Chile. El equipo utilizó el instrumento CRIRES+, un espectrógrafo infrarrojo de alta resolución capaz de medir pequeños cambios en la luz de objetos lejanos. Esta técnica se denomina velocidad radial: Permite detectar el pequeño “tirón” gravitatorio que un objeto en órbita ejerce sobre otro. Si un cuerpo masivo gira alrededor de una estrella, un planeta o una enana marrón, puede provocar un movimiento periódico que los instrumentos modernos logran medir.
Es la misma técnica general que permitió descubrir algunos de los primeros exoplanetas alrededor de estrellas similares al Sol. En este caso, fue aplicada a la enana marrón CD-35 2722 B para buscar señales de un objeto que la estuviera orbitando. El candidato detectado tendría una masa cercana a la de Júpiter, lo que lo convierte en un cuerpo extraordinariamente grande para ser llamado luna. Además, el estudio menciona la posibilidad de que exista otro objeto más cercano y de menor masa, aunque esa segunda señal es menos segura y necesita más observaciones.
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La técnica de velocidad radial permitió detectar a este cuerpo, gracias al "tirón" gravitatorio que genera (NASA/ESA).
Este tipo de configuración recuerda, en una escala mucho más extrema, a los sistemas de lunas de los planetas gigantes. En Júpiter, por ejemplo, varias lunas importantes mantienen relaciones orbitales ordenadas entre sí. Pero en CD-35 2722, las masas involucradas son mucho mayores y el sistema completo resulta mucho más extraño que cualquier ejemplo que conozcamos.
La importancia de este hallazgo está en que nos demuestra que los satélites fuera de nuestro entorno pueden existir en formas mucho más variadas de lo esperado. Para los astrónomos, este descubrimiento puede abrir una nueva etapa en la búsqueda de exolunas: Hasta ahora se habían propuesto varios candidatos, pero ninguno logró una confirmación completamente aceptada por la comunidad científica. Esta nueva detección es una de las más prometedoras y muestra que los instrumentos actuales ya empiezan a alcanzar la sensibilidad necesaria para descubrir estos cuerpos.