Los océanos tienen varias funciones en el funcionamiento del sistema terrestre, pero una de ellas que muchas veces ignoramos es clave: son sumideros de dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera, absorbiendo aproximadamente una cuarta parte de las emisiones de este gas cada año. Pero ese “alivio” viene con un costo: al disolverse en el agua de mar, el CO₂ forma ácido carbónico, lo que provoca una disminución del pH del océano: es decir, aumenta su acidez.
El fenómeno se conoce como acidificación oceánica, y ya estaba mostrando señales claras de aumento sostenido: Desde la era preindustrial, la acidez del agua de mar ha aumentado aproximadamente un 30% (lo que equivale a una caída de pH de ~0,1 unidades en promedio). Y en zonas costeras, la acidificación avanza más rápidamente que en otras zonas, especialmente en áreas de afloramiento de aguas profundas.
Este cambio del pH vuelve al agua perjudicial para muchos organismos marinos, como moluscos, erizos y corales que usan carbonato de calcio para formar sus esqueletos. Con menor disponibilidad de iones carbonato, un efecto directo de la acidificación, esas especies quedan debilitadas. Esto supone el riesgo de colapsar la cadena alimentaria marina: organismos pequeños dejan de proliferar, lo que reduce el alimento para peces más grandes.
![El cambio del pH vuelve al agua perjudicial para los moluscos, afectando la cadena alimentaria de peces y otros animales dependientes de este alimento.]()
El cambio del pH vuelve al agua perjudicial para los moluscos, afectando la cadena alimentaria de peces y otros animales dependientes de este alimento.
Una reciente investigación de la Universidad de St Andrews, además, ha arrojado datos alarmantes: sus conclusiones indican que algunas zonas costeras se volverán mucho más ácidas de lo que se esperaba. Utilizando muestras de coral y mediante el análisis de firmas isotópicas, mapearon el cambio de la acidez a lo largo del siglo XX, permitiendo predecir cómo continuará la tendencia durante el siglo XXI.
El estudio indica que, en zonas costeras de afloramiento oceánico, la acidificación superó el nivel esperado si sólo tomamos en cuenta el aumento del CO₂ atmosférico. La acidez previa de estas masas oceánicas, sumadas al aumento del CO₂ por la emisión de gases, potencia el cambio de pH en una medida mayor a la prevista.
![Cambio en el pH de la superficie marina causado por el CO2 antropogénico entre los años 1700 y los 1990.]()
Cambio en el pH de la superficie marina causado por el CO2 antropogénico entre los años 1700 y los 1990.
La doctora Hana Jurikova, coautora del estudio e investigadora principal de la Facultad de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente de la Universidad de St Andrews, indicó que "Predecir cómo responderán los sistemas de afloramiento al cambio climático es sumamente complejo, ya que las influencias antropogénicas interactúan con las fuentes naturales de acidificación oceánica. Nuestra investigación demuestra que dichas interacciones pueden amplificar el cambio ambiental".
Las consecuencias llegan hasta la actividad humana: En regiones como la costa de Argentina, la degradación de los ecosistemas marinos puede repercutir en la seguridad alimentaria, el empleo, el turismo y la salud ambiental local. A través de menor calidad nutricional de los mariscos, mayor toxicidad de algas nocivas, y menor población pesquera, las economías regionales son afectadas en forma directa.
En el Mar Argentino, investigaciones recientes indican que el pH promedio también ha caído ~0,1 unidades, en concordancia con los indicadores mundiales. Se están elaborando diversos planes de acción regionales para América Latina y el Caribe que consideran la acidificación, además del calentamiento y la desoxigenación, como uno de los grandes desafíos oceánicos de los próximos años.
![Con muestras de coral, el equipo de la Universidad de St Andrews pronosticó el cambio del pH durante el siglo XXI.]()
Con muestras de coral, el equipo de la Universidad de St Andrews pronosticó el cambio del pH durante el siglo XXI.
El doctor James Rae, coautor del estudio, agregó que "La creciente acidificación de los océanos supone un grave riesgo para los ecosistemas marinos y las comunidades y economías que dependen de ellos. Las soluciones que tenemos actualmente para el cambio climático , como las bombas de calor y los vehículos eléctricos, también contribuyen a paliar la acidificación de los océanos, por lo que es fundamental que las apoyemos".
En resumen, si bien la acidificación de los océanos es un fenómeno menos visible que el calentamiento global, es igual de relevante: El agua del mar está cambiando su química por la sobrecarga de CO₂, y con ello, deteriora a la vida que alberga. Debemos vigilar nuestro mar, y aumentar nuestra comprensión sobre la relación entre la salud oceánica y la vida cotidiana, para cuidar a ambas.